Si tu eres el hombre pluma
Yo soy…
La mujer cosquillas
Y vivimos en el país de la risa, donde a cada rato una carcajada brota de una gran garganta, es gracioso escuchar la melodía que producen las diferentes risotadas de sus habitantes. Cuando uno pasea por sus calles puede sentir como los motivos de la risa se encuentran flotando por el aire, buscando quien los encuentre y los disfrute durante unos minutos, incluso a veces durante horas, son muchos los turistas que se las llevan sin querer y las mantienen encerradas en sus cuerpos durante meses. A ellas no les importa conocer mas de cerca a esa gente, salir de excursión y alejarse del pueblo durante un tiempo. Al final siempre regresan, melancólicas.
Pero cuentas sus habitantes que hubo un mes hace montones de años que un viento huracanado azotó todo el país y las risas que habían marchado no encontraban el camino de regreso y vagaron al compás del viento de aquí para allá sin encontrar a nadie que las hiciera vibrar. Durante ese mes fue todo tan raro en el pueblo, porque sus habitantes acostumbrados a reír a cada rato se vieron inmensos en una nube gris, rota por los ecos de alguna estridente carcajada producida por algún casero motivo que no había viajado.
Los vecinos no sabían que hacer para que regresaran, así que decidieron organizarse: los mas jóvenes y ágiles se encargarían de ir a buscarlas a los sitios mas altos, esto significaba subir a todos los árboles y montañas que rodeaban al pueblo, los ancianos las esperarían sentados en las calles y darían la señal al toque de una fuerte carcajada, originada por el regreso de alguna alegría que habría encontrado el camino a casa. El resto de vecinos y vecinas acostumbrados como estaban a las largas caminatas se adentrarían en los bosques y caminos.
De esta manera el pueblo quedo casi vacío durante tres días y fue el cuarto cuando, no se sabe si porque aflojo el viento o porque los habitantes del pueblo resultaron ser muy buenos buscadores de alegría, el caso es que las risas fueron apareciendo una a una. Primero los que habían quedado en el pueblo empezaron a escuchar un fuerte bullicio de risas y gritos que procedían del monte y esto hizo que una sonrisa se esbozara en sus rostros lo que produjo que los motivos que andaban cerca medio perdidos las sintieran y corrieran directos hacia ellos. Entonces los ancianos se sumaron al sonido de las carcajadas que procedían de la montaña y los vecinos que caminaban por los alrededores animados por estos sonidos buscaron con más fuerza hasta que cada uno fue encontrando un motivo al que guiar y agradecer su vuelta a casa.
Al final del cuarto días cada uno tenía su motivo de alegría. Aquel día se celebro una gran fiesta en honor a la risa, fiesta que se sigue celebrando año tras año y en la que los vecinos relatan a quien quiera escuchar la historia de cómo la buena organización de todos los aldeanos hizo que las risas regresaran a casa.
miércoles, 25 de febrero de 2009
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